
La música clásica es minoritaria y se asocia con lo aburrido. Sin embargo, es tan sugerente, tan intensa, tan diversa, tan arte total. Todo eso lo descubrí bien mayor, cuando me harté de comprar discos de moda que tiraba a los 15 días y cuando dejé de escribir y leer con música que no fuera clásica. A Cáceres, en los 70, no venían grandes orquestas salvo una vez la de Radio Televisión Española al Coliseum. Nuestra educación musical era muy pobre y los pocos niños que acudían al conservatorio nos parecían sospechosos. La situación ha cambiado mucho, en el conservatorio no hay plazas y de la música, de su práctica y de su enseñanza, viven muchos cacereños, algo impensable hace nada. Pero no tiremos cohetes. Cuando en el titular de una columna aparecen Schubert o Mozart, no me lee en Internet ni mi madre. El otro día asistí a un concierto del trío Nélida ante un auditorio juvenil. Cuando Fernando Agúndez, que toca la viola en el trío, anunció que interpretarían otra pieza, a una chica se le escapó un asustado: "¿Otraaaa?". Y cuando especificó que los movimientos eran allegro, adagio y largo, la muchacha volvió a gritar, ya aterrada: "¿Largoooo?". El concierto del trío Nélida fue maravilloso, pero el auditorio juvenil parecía sufrir más por prejuicios que por aburrimiento. Sin embargo, el sábado escuché a un grupo de niños y jóvenes tocar sus trombones en la calle San Pedro y el público juvenil se paraba y se lo pasaba muy bien. Fue bonito escuchar música en la calle y más bello aún que siga sonando todo este mes de junio. Además, como los jóvenes se podían ir si se aburrían, pues aguantaban hasta el final, se olvidaban de los prejuicios y descubrían que la música clásica nunca se hace 'largaaaa'.
Autor: J. R. ALONSO DE LA TORRE
FUENTE: http://www.hoy.es
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