
Simon Rattle: «La música no es un lujo, sino una necesidad»
Sir Simon Rattle se hizo esperar para recibir de manos del Príncipe de Asturias el premio Don Juan de Borbón que le fue concedido en 2008 tanto a él como a la Orquesta Filarmónica de Berlín por su proyecto pedagógico, capaz de integrar y acercar la música a sectores marginales y no habituales. Con una brillante carrera como director de orquesta al frente de numerosas agrupaciones, desde la Sinfónica de Bournemouth (en la que comenzó como director asistente con 19 años), pasando por la Sinfónica de la Ciudad de Birmingham (en la que permaneció como titular durante dieciocho años), Rattle sustituyó en 2002 a Claudio Abbado como director titular de la Filarmónica de Berlín. Llegó con la etiqueta de ecléctico, por la variedad de sus programas, donde tiene cabida el repertorio actual, y con la misión de introducir a la agrupación en el siglo XXI.
Usted ha afirmado en ocasiones que una orquesta del siglo XXI tiene que cumplir dos requisitos: estar comprometida con la música de su tiempo y con su entorno social. Ambas cosas las ha llevado adelante en Berlín.
Cuando llegué a Berlín tenía muy clara la idea de que había muchas cosas que hacer, no sólo en el aspecto musical sino también fuera de él. Para mí era nuevo y no sabía cómo se iban a sentir los músicos, porque, al hablar de educación, al principio todos decían que ellos enseñaban, pero no se trataba de eso. Ahora este proyecto forma parte fundamental e integral de la Filarmónica de Berlín. Hay que involucrar a la gente, no sólo a los jóvenes, aunque sí principalmente a ellos, porque creemos que este proyecto puede cambiar sus vidas. Pero tiene que ser un proceso creativo, no puede ser pasivo. La gente tiene que entender lo que crea la música, para después sentarse y poder escucharla. También se trata de un proyecto pedagógico para la orquesta, cada uno de ellos tiene que enfrentarse a veinte o treinta chicos, y eso les cambia como personas.
La música clásica está atravesando una crisis de público. La Filarmónica de Berlín, igual que otras orquestas, ha incorporado las nuevas tecnologías, como internet, para acercarla a otros públicos?
Estoy de acuerdo, hay crisis, pero en Alemania no tenemos esa sensación porque estamos protegidos en ese aspecto. El público sigue manteniéndose, se siguen llenando los conciertos. Creo que hay que acercar a la gente la música lo máximo que se pueda, porque la música es un virus del que después no te puedes deshacer. Internet es algo maravilloso, porque transmite información, pero la música es algo vivo, y creo que debe de ser así. Estoy encantado de poder alcanzar con la orquesta muchas partes del mundo, pero la música, esta música, sucede principalmente cuando la gente está cerca una de otra, cuando están juntos.
Existe cierto debate sobre la necesidad de cambiar o no el formato del concierto para crear nuevos públicos o recuperar el que se ha perdido. ¿Está de acuerdo? ¿Qué habría que hacer para atraer a la gente a las salas?
Yo lo veo de forma distinta. Esta es una forma artística que necesita escucharse en silencio, es como una galería de arte que necesita la luz. Lo que hay que conseguir es que llegue a la gente la idea de escuchar y acercarse a la música en silencio. También es un proceso de esfuerzo por parte del espectador. Resulta algo duro en este momento en el que vivimos, donde todo es fácil y rápido. Es necesario que las personas en el futuro vean la música de manera distinta porque hasta ahora se la ha considerado como un lujo, y no creo que sea así. Todo lo contrario, es una necesidad para la vida. Ése también es nuestro trabajo, llevar esa necesidad a las personas.
¿Cómo ha conseguido que Filarmónica Berlín, que le eligió como director titular de manera dividida en 1999, se involucre en todos sus proyectos?
Siempre hay una lucha interna. Es como el Real Madrid, pero con 128 instrumentistas. Hay algo fantástico, y es que estos músicos trabajan al 107 por ciento. No puedes obligar a la gente a nada, pero si deciden que quieren hacer algo lo llevan adelante. En la orquesa, además, hay una mezcla interesante. Por una parte, están los que buscan la innovación y por otra están los más tradicionales. Muchas veces los más jóvenes son los más conservadores y los más mayores son los más curiosos.
¿Qué proyecto le gustaría realizar en el futuro?
Todos los proyectos que realizamos están comunicados. El problema es que tenemos en marcha tantos que lo difícil es mantener el contacto con todas las personas con las que estamos trabajando. Todos los años llevamos adelante entre doce y catorce proyectos educacionales, y cada año se incluyen programas para personas que no tienen experiencia, con discapacidades, en prisiones? Pero es muy importante no sólo crear nuevos proyectos, sino mantener los antiguos. Ahora, en cierta manera, es el momento de empezar a trabajar con niños que estén muy dotados para la música, que ya tengan experiencia, y contribuir a darles más. En un par de años haremos además un proyecto en Suráfrica. La idea principal es dejar un legado, no pasar simplemente por los sitios y decir hola y adiós. El año pasado hicimos un proyecto en el Spanish Harlem de Nueva York, y, cuando nos íbamos, los niños nos preguntaban: «¿Ya os váis?». Creo que lo importante es continuar con los proyectos y volver tres o cuatro años después. Te das cuenta de la responsabilidad que tienes.
¿Qué sintió cuando la Filarmónica de Berlín le renovó el contrato hasta 2018?
Es una buena pregunta, porque para mí fue como un viaje en el que naturalmente había disputas, desencuentros. Pero es increíble, cuando la orquesta decide que quiere hacer algo es como un equipo. Soy consciente de que nunca va a ser fácil con ellos, pero quizá por esa razón es tan bueno.
FUENTE: http://www.abc.es
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